LA REPÚBLICA DEL CINE

Página Oficial del programa de Radio "La República del Cine"

martes, 24 de abril de 2007

ESCENAS EDITADAS (LO QUE NUNCA SE VIÓ)

Estas son escenas rescatadas por La República del Cine que no verán en ninguna pantalla de cine ni en los extras de los dvd de la película...



El amanecer, encuentra al gran Rey Leonidas en las afueras de la capital de Esparta inspeccionando una tropa de soldados espartanos antes de salir a enfrentarse al temido ejercito Persa.

Rey Leonidas: - ¿Entonces estos son todos?

Capitán: - Si mi rey, 300 de los mejores soldados del imperio, cada uno con hijos para continuar su nombre si llega a caer en la batalla y con seguro de vida full.

Rey Leonidas: - Excelente.

El Rey Leonidas empieza a inspeccionar las filas de soldados junto al Capitán hasta que es interrumpido por los gritos de uno de sus soldados más fieles, más valientes y más necios.

Stelios: - ¡Todos estamos con usted su alteza! ¡Por Esparta, por la libertad, hasta la muerte!

Rey Leonidas: - Bien, ahora vamos a…

Stelios: - ¡Lucharemos hasta el último hombre! ¡Por Esparta, por la libertad, hasta la muerte!

Rey Leonidas: - Muy bien. Como iba diciendo, ahora vamos…

Stelios: - ¡Acabaremos con esos perros persas! ¡Por Esparta, por la libertad, hasta la muerte!

Rey Leonidas: - Eh ok, ya es sufi…

Stelios: - ¡Les mostraremos temer a la furia espartana! ¡Por Esparta, por la libertad, hasta la muerte!

Rey Leonidas: - Stelios.

Stelios: - ¡Si su alteza!

Rey Leonidas: - Como eres el soldado más valiente e intrépido de todo el ejercito espartano creo que debes de ir a la cabeza del pelotón.

Stelios: - ¡Si su alteza!

Rey Leonidas: - Es más, creo que debieras de partir ahora mismo ya adelantarte por si acaso nos espera alguna trampa persa.

Stelios: - ¡Gracias su alteza!

Stelios sale corriendo en dirección del campo de batalla gritando como un loco. Los demás hombres se ven entre ellos sorprendidos, se podía oír sus murmullos entres las filas, hasta que por fin uno de ellos levanto su mano.

Rey Leonidas: - ¿Si soldado?

Soldado: - Su alteza, ¿cómo es eso de luchar hasta la muerte? El Capitán nos había dicho que íbamos a practicar nuestra marcha para el desfile de la Carnia

El Rey Leonidas mira al Capitán un poco sorprendido, pero este encoge sus hombros en respuesta.

Rey Leonidas: - Si, es que… es que si vamos a practicar la marcha, pero si durante nuestra práctica nos llegáramos a encontrar algunos persas, y estos fueran hostiles, quizás haya un encuentro… amistoso.

Los soldados todavía se ven un poco dudosos, hasta que entre ellos aparece Dilios, guerrero hábil en el uso de la lanza y las palabras.

Dilios: - Espartanos, hemos descendido del mismo Hércules. Nos han enseñado a nunca retirarnos, a nunca rendirnos. Nos han enseñado que la muerte en el campo de batalla es la gloria más grande que un espartano podría alcanzar en su vida. ¡Somos los soldados más finos que el mundo ha conocido!

Se pueden escuchar aplausos y chillidos dispersos entre el público, hasta que otro soldado también levanta su mano.

Soldado: - Pero algunos de nosotros reprobamos esa parte del entrenamiento, la de “nunca rendirnos”.

Leonidas comienza a reír a carcajadas seguido por el Capitán y Dilios, que sólo lo hicieron porque el Rey sigilosamente les indico que lo hicieran pero no tenían idea que era lo que encontraba tan gracioso. El Rey se acercó al soldado y le dio una amistosa palmada en la espalda.

Rey Leonidas: - Así es soldado, es importante mantener ese buen humor ante el peligro inminente, eso demuestra lo temerario que es. Capitán, quiero que coloque a este espartano en la retaguardia, estaremos más tranquilos sabiendo que el protege nuestras espaldas.

El Rey continua con su inspección, pero después de caminar un poco más se detiene sorprendido.
Rey Leonidas: - ¡Capitán!

Capitán: - Si su alteza.

Rey Leonidas: - ¿No es ese su hijo?

Dice el Rey señalando a un soldado alto, esquelético, con el cabello peinado hacia atrás con gelatina y lentes.

Capitán: - Eh, si

Soldado: - Hola Papá

Capitán: - ¡Cállate! Disculpe su alteza.

Rey Leonidas: - Pero se ve muy joven para haber conocido el calor de una mujer.

Capitán: - No importa, tengo muchos hijos como repuestos. Además, no creo que el calor de una mujer sea una opción viable actualmente.

Soldado: - Papá, ¿ya puedo volver a mi clase de canto? Si quiero avanzar en el teatro tengo que saber cantar bien.

Capitán: - ¡Cállate! ¡Y compórtate como un hombre si te vas a llamar espartano o por los dioses que te vas a enterar cuando lleguemos a casa! Disculpe su alteza.

Rey Leonidas: - Eh, no se preocupe Capitán.

Satisfecho con su inspección Leonidas se para delante de sus leales espartanos y deja saber sus intenciones.

Rey Leonidas: - Una nueva edad ha comenzado, una edad de la libertad. Y todo el mundo sabrá que 300 Espartanos la defenderán con su último aliento. Detendremos al enemigo, lucharemos, los aniquilaremos, los…

El discurso del Rey es interrumpido por un alboroto en el otro extremo de la fila de soldados. Leonidas, extremadamente furioso, exige una explicación.

Rey Leonidas: - ¡Soldados! ¿Qué ocurre aquí?

Soldado: - Es Percivus, su majestad, se la pasa dándonos estocadas en nuestras partes posteriores con su lanza.

Rey Leonidas: - ¡Espartano! ¿Es esto verdad?

Percivus: - Eh, si, su majestad.

Rey Leonidas: - ¡Déle al Capitán su lanza y su escudo y váyase al final de la fila!

Percivus: - Si su alteza.

Rey Leonidas: - Le devolveremos sus cosas cuando demuestre que se puede comportar como un verdadero espartano.

Justamente en ese instante unos miembros del senado se aparecieron antes la congregación espartana.
Senador: - ¡Su alteza! ¿Qué significa esto? ¡Los sacerdotes han prohibido ir a la guerra!

Rey Leonidas: - ¿Guerra? ¿Quién ha dicho que marcho a la guerra? Esta es una reunión del Club de Ajedrez de Esparta.

Senador: - ¿Ajedrez? ¿Pero qué dice? Si todos llevan lanzas, escudos, espadas, cuchillos, botellas rotas y bates.

Rey Leonidas: - Bueno, ustedes saben que el ajedrez es un deporte muy competitivo y violento.

Los senadores se miran entre si incrédulos.

Rey Leonidas: - Creo que ya es hora de irnos. ¡Espartanos! ¡Prepárense para la gloria!

Pero Leonidas mira rápidamente a los senadores.

Rey Leonidas: - ¡La gloria del ajedrez!

Los espartanos se miran entre sí confundidos pero comienzan su marcha. En eso aparece la reina Gorgo.

Gorgo: - ¡Leonidas! ¿Acaso pensabas irte sin despedirte de tu amada esposa?

Leonidas: - ¡Por supuesto que no mi amor!

Gorgo: - Más te vale, ahora recuérdate llevarte tus medicinas y tres cajitas de kleenex, tu sabes que eres alérgico a todo y no quieres pasarte toda la batalla… digo, todo el juego de ajedrez con tu nariz como una regadera.

Leonidas podía escuchar los murmullos y risas disimuladas de sus hombres.

Rey Leonidas: - Si mi amor.

Gorgo: - Y no te vuelvas olvidar de tu escudo, ya has perdido como 5 de ellos. ¡Por los dioses, más te vale que vuelvas con el o que vengas sobre el, porque si no es así no regreses!

Leonidas: - Si mi amor.

Algunos hombres se cayeron al suelo porque no podían con la risa.

Gorgo: - Ahora dame un besito y vete para que no lleguen tarde. Bye, buena suerte, que maten muchos persas, digo, peones.

Soldados: - Byeeee…

Rey Leonidas: - ¡Espartanos! Cállense y vamonos.

Soldados: - Si mi amor.

Rey Leonidas: - ¡Qué pena que solamente pueda sacrificar tan pocos!

Y el resto es historia.


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